Por Luis Alfredo Infante Carmen: El Iconoclasta

En mayo de 1978 yo vivía cerca de la Universidad de Guayaquil en la esquina de Vélez y Tulcán a una cuadra del Boulevard 9 de octubre en la capital del Guayas. Por aquel entonces yo era un aplicado estudiante de economía de dicha universidad y miembro de la famosa FEUE (Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador) de tendencia izquierdista. Era un marxista-leninista convicto y confeso.

Pues bien, resulta que una tarde del mes mencionado del año que corría, estaba yo en un snack-bar cerca de donde vivía tomándome una Pilsener y absorto en la lectura de la biografía de uno de los ex presidentes más polémicos que haya tenido el Ecuador: Carlos Julio Arosemena Monroy. Tenía que presentar y exponer  la vida y obra de un expresidente.

Distraído como estaba no me había dado cuenta que a mi lado había un anciano (o, al menos, eso parecía) de cabellos blancos (con quien me había topado en diferentes ocasiones) que me observaba alternando su mirada entre mi rostro y el libro que leía. De pronto, este desconocido (hasta ese momento) ciudadano ecuatoriano se acerca a mí y esbozando una sonrisa me dijo “puedo sentarme con usted jovencito “a lo que más que inmediatamente yo respondí “por supuesto que sí “.

Sabe usted con quién está hablando me espetó sonriente. “La verdad que no “le respondí. “Pues mire jovencito “ ( apenas había cumplido 18 años ) prosiguió : “ está usted hablando nada más ni nada menos que con Carlos Julio Arosemena Monroy “ concluyó. El asombro me dejó perplejo. La sorpresa era mayúscula. La alegría mayor. En ese instante sentí la seguridad que mi monografía iba dar que hablar. Como que así fue. Y a partir de ahí en el ocaso de varios atardeceres tuve la dicha de disfrutar embelesado las lecciones y la experiencia de un estadista  sabio como Arosemena Monroy. Todo un patriarca él.

Y una de las anécdotas que más recuerdo de Don Julio ( así le llamaba ) fue aquella que sucedió en el Club La Unión de Guayaquil ( siendo Presidente del Ecuador ) cuando fué a una ceremonia oficial acompañado de “ damas de compañía “ y uno de sus edecanes le advirtió “ Doctor Arosemena, es conveniente que no entre usted al club con esas señoras, puesto que son de dudosa reputación “, la respuesta rápida de Don Julio fue “ No, no son de dudosa reputación, ellas son putas. Las que son de dudosa reputación son tu mujer y tus hijas “.

Esta anécdota que aquí he escrito son parte de mis recuerdos de mi travesía por el Ecuador al igual que cuando acompañé por varias cuadras el sepelio del “Ruiseñor de América “Julio Jaramillo y escuchaba por Radio Cristal las condolencias enviadas desde allende por cantantes como Daniel Santos, Alci Acosta y Leo Marini, entre otros. ¡Qué tiempos aquellos!

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