Jesica Panllo, Estefanía Gómez y María Mucho son tres peruanas que, además de su evidente juventud y empeño, tienen en común la certeza de que la educación puede llevarte a conquistar el mundo, empezando por conquistarse a sí mismas. Ellas son talentos de Beca 18, la subvención integral que otorga el Estado a los jóvenes de excelente rendimiento académico y escasos recursos económicos, y actualmente evidencian en sus trabajos y estudios que tienen todo en sus manos para mejorar sus vidas y las de quienes las rodean.

“Mis papás fallecieron cuando tenía 13 años. Mis tres hermanos y yo fuimos llevados entonces a diferentes sedes de Aldeas Infantiles SOS. Al principio fue difícil, pero en Chosica, a donde me tocó ir, encontré con el tiempo un nuevo hogar y, sobre todo, tanta y tanta ropa que venía de las donaciones, que se despertó mi interés por la moda. ¿Cómo se hace esta prenda? ¿Por qué usan esta tela? ¿Cómo puedo mejorar este bordado? Poco a poco fui convenciéndome de que lo mío es la confección y el diseño”, cuenta Jesica, talento en la modalidad Albergue, quien estudió Diseño de Modas tras ganar una vacante de Beca 18 en el 2015.

Hoy, Jesica trabaja en el área de producción de una empresa textil y se prepara para iniciar nuevos estudios, esta vez de Ingeniería Empresarial en la Universidad Agraria La Molina. En esta etapa, a diferencia de la primera, cuenta con el apoyo de sus hermanos, con quienes pudo reencontrarse desde hace un tiempo.

En Apurímac, a donde llegó junto a su mamá, inscrita en el Registro Especial de Beneficiarios de Reparaciones del Estado (Repared) debido a la violencia de los años 80, Estefanía no tuvo que afrontar separaciones como las de Jesica, pero sí varias carencias y desafíos. Tuvo que trabajar, por ejemplo, pelando pollos, lavando y picando verduras en varias cocinas y limpiando ambientes de una clínica del distrito de Huaccana, provincia de Chincheros, una de las zonas del Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem). Con sus ingresos, aportaba para los gastos del colegio, en donde destacaba por su empeño y buenas notas. Confiados en su rendimiento, y en la convicción que Estefanía mostraba cada vez que les decía que “la educación empodera a las mujeres”, sus profesores le recomendaron visitar el Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo (Pronabec) del Ministerio de Educación, e informarse para concursar por una de sus becas.

“En el 2015 postulé y gané la Beca Técnico Productiva destinada a poblaciones vulnerables y en situaciones especiales. Con ella llegué a Lima para formarme como auxiliar técnica de Logística y Distribución. Al terminar, mi promedio fue de 16, por lo que recibí tres ofertas de trabajo: de una compañía de seguros, de una cadena de comida rápida y del Instituto Tecsup. Elegí esta última y trabajé como promotora de admisión, hablándole a los estudiantes de las ventajas de estudiar. ¡Tanto hablé que me enamoré de una carrera, Producción y Gestión Industrial!”, recuerda Estefanía, quien se encuentra cumpliendo su sueño luego de ganar su segunda vacante, esta vez en Beca 18.

  

Más al sur, en la ciudad de Juli, región Puno, María Mucho optó por el servicio militar como una forma de aliviar los esfuerzos de sus padres, dedicados al campo, pero empeñados en que ella aprenda una profesión para poder valerse por sí misma. Así, entre el 2013 y el 2015 brindó servicios en el Ejército y, tras ganar una vacante en Beca 18, estudió Electrónica Industrial en el Instituto de Educación Superior Tecnológico Público de las Fuerzas Armadas.

“En el cuarto ciclo de la carrera, junto a dos compañeros también becarios del Pronabec, ganamos el concurso Eqwip Hubs 2018, que brinda espacios de innovación para jóvenes con habilidades para el desarrollo tecnológico. Nuestro proyecto fue la empresa de domótica Service Security Home S.A.C, con la que desarrollamos un sistema de seguridad de alarmas para el hogar, que permite avisar vía telefónica si alguien intentó ingresar a las casas de nuestros clientes”, precisa María, quien detalla que la diferencia entre sus servicios y los de cualquier otra compañía disponible en Internet consiste en el soporte técnico brindado a los usuarios.

Con el premio del concurso, María y sus socios están dedicados al perfeccionamiento del sistema, con miras a reforzar su comercialización. En tanto, ella continúa trabajando en seguridad del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez.

“Quiero consolidar mi empresa y seguir estudiando. Mi principal motivación, desde que inicié esta aventura, es darle una mejor calidad de vida a mi familia. Salir todos adelante”, asevera.

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