En un ambiente de oración, profunda meditación y recogimiento, gran cantidad de fieles se reunieron en la Basílica Catedral de Piura para participar de la Santa Misa del Miércoles de Ceniza con la que se da inicio al tiempo de Cuaresma durante el cual nos preparamos para celebrar el Misterio Pascual de Cristo en la Semana Santa. La celebración eucarística fue presidida por nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., y concelebrada por el R.P. José Sandoval Purizaca, Párroco de la Basílica Catedral de Piura, el R.P. Santiago Villarino Matellán, Rector del Seminario Arquidiocesano y varios sacerdotes invitados, quienes impusieron la ceniza en la frente de los fieles en señal de penitencia y deseo sincero de conversión.  

Al iniciar su homilía, nuestro Pastor, resaltó la importancia de este tiempo de preparación interior a la celebración de la Muerte y Resurrección de Cristo que hemos iniciado: " La tarea cuaresmal, y de toda nuestra vida cristiana, es ser cada día menos hipócritas, es decir acortar la distancia entre la fe que profesamos y la vida que llevamos hasta lograr, con la ayuda de la gracia de Dios, que la fe se haga vida cotidiana. El Señor Jesús nos pide hoy un NO rotundo a la doble vida".

En otro momento, Monseñor Eguren destacó la necesidad de seguir un camino de oración, ayuno y limosna para convertirnos: "Cada uno de estos tres ejercicios espirituales encierra un «no» y un «sí». Por un lado, la oración es un «no» a la dejadez o desidia espiritual, a tener un alma ociosa, a vivir sin Dios, y por otro lado es un «sí» al amor del Señor y a su Palabra que debe llevarnos a adherirle cada vez más nuestra vida a Jesús. El ayuno es un «no» a la frivolidad, al consumismo y al hedonismo, y por otro lado es un «sí» a llevar una vida sobria y sencilla, una vida en que apoyados en la gracia que el Señor nos da, nos despojemos del hombre viejo y nos revistamos de Cristo el hombre nuevo y perfecto (ver Ef 4, 22-24). Finalmente, la limosna es un «no» al individualismo, al egoísmo, a la injusticia, y es un «sí» al hermano, a ver al otro como un don para mí y por tanto a asumir sus carencias y sufrimientos como los míos, más aún en esta época de emergencia en donde estamos viendo ya entre nosotros a muchos hermanos damnificados quienes nos reclaman nuestra solidaridad".

Finalmente, nuestro Arzobispo resaltó el significado de la ceniza y cómo esta se convierte en un símbolo para que nuestra vida sea siempre una ofrenda agradable a Dios y una donación de amor a los hermanos: " La ceniza es símbolo de la conversión propia de este tiempo penitencial, conversión que no es otra cosa sino un volver a Dios valorando las realidades terrenales en su verdadera dimensión. Que la Cuaresma marque un cambio en nuestra mente, en nuestro corazón y en nuestra vida".
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