Debido a la dramática realidad del agro

Presidente de gremio, Juan Varilias Velásquez, dijo que el reto es replicar la experiencia de la agroindustria de la costa, en la Sierra y Selva. “Este sector tiene sus propias características y riesgos que le resta competitividad”, dijo.

La dramática realidad del agro requiere de una política de desarrollo que nunca ha tenido. Las cifras hablan por sí mismas: 97% de informalidad laboral, 99.9% de informalidad de las unidades productivas y 45% de pobreza resumen la dimensión de la tarea que tiene el gobierno por delante, manifestó el presidente de la Asociación de Exportadores (ADEX), Juan Varilias Velásquez. 

Indicó que en Perú, como en cualquier lugar del mundo, la fórmula es la misma: empresas eficientes, productos competitivos y mercados, tres elementos necesarios para generar empleo y mejorar el nivel de vida de los trabajadores.

“La agroexportación logró construir un modelo exitoso, es altamente generador de empleo y se convirtió en el principal motor de desarrollo de las regiones agrícolas de la costa. Todo ello gracias a un marco tributario y laboral apropiado que hace viable la inversión en una actividad de alto riesgo, baja productividad y alta informalidad”, apuntó.

En ese sentido, Varilias, defendió la vigencia indeterminada de la Ley 27360 y expresó su desacuerdo con el dictamen aprobado por la Comisión Agraria del Congreso de la República que guarda similitud con el régimen general. Se preguntó si el objetivo del país es que el número de empresas exportadoras se mantenga en menos de 2400 (año 2017) o si se desea sumar otras, con lo que también se llevarían beneficios a otras regiones.

Replicar experiencia en Sierra y Selva

Recordó que la actividad agraria se desarrolló en la Costa (Ica, La Libertad, Lambayeque y Piura) y que el reto es replicar la experiencia en la Sierra y en la Selva, pero algo que se debe tener en cuenta es que tiene sus propias características (sobrecostos, necesidad de ingresar a más mercados) y enfrenta riesgos (fenómeno de El Niño, carencia de agua), entre otros, que le resta competitividad.

“Además del alto riesgo, las autoridades deben comprender que la inversión es de largo plazo, por ejemplo, un empresario que cultiva uvas necesita un horizonte de cinco años desde que el proyecto está en una etapa de formulación hasta que logra su primera cosecha; y si solo nos referimos a su presencia en el exterior, necesita no menos de cuatro años para que se consolide”, dijo.

Para el caso de la palta, se necesitan 6 años y medio desde la formulación del proyecto, búsqueda de financiamiento, adquisición de terreno, compra de insumos e instalación de parcelas hasta la primera cosecha que se logra después de la preparación del terreno, siembra y cuidado del cultivo.

“Ese tiempo es parecido al que necesita el mango. En definitiva, si queremos promover el surgimiento de nuevas unidades formales, incrementar el número de empresas agroexportadoras (fueron 2398 en el 2017) y llevar beneficios a otras regiones, es fundamental la plena vigencia del régimen agrario”, apuntó.

Recordó que de las 2398 empresas del 2017, el 78% lo hicieron por menos de US$ 1 millón lo que demuestra el interés de productores y pequeños empresarios por incursionar en el comercio exterior.

Varilias añadió que el régimen agrario demostró su efecto positivo en el sector mediante la generación de empleo formal y creación de polos descentralizados y que los empleadores del sector abonan un sueldo diario de alrededor de S/. 40, que incluye la Compensación por Tiempo de Servicios (CTS) y gratificaciones. “Se paga más que el mínimo diario establecido en el dictamen”, concluyó.

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